Estimado arquitecto: Como no escuché totalmente el programa, no me había quedado claro si usted había sido convocado por las autoridades para proyectar la urbanización de la mencionada villa, pero a través de internet pude ver que usted tiene un proyecto. Sin duda, como Ud. expresó, el surgimiento y la proliferación de estos asentamientos es responsabilidad de la "desatención" que las políticas de Estado han dejado a quienes habitan en ellos (cada vez más), ciudadanos excluidos de sus más elementales derechos. Estas líneas las escribo como un acto impulsivo, ya que mi ignorancia acerca de semejante problemática es total. Sólo quiero expresarle lo mucho que me interesó esa charla porque me ha esclarecido bastante, porque he sido profesora de alumnos provenientes de la Villa 31 y de la Villa Cildáñez, porque sé cuánto aman ellos ese espacio donde han nacido y se han criado y donde merecen vivir dignamente con sus familias y amigos. Como docente, he tenido con ellos las más variadas experiencias, pero siempre tuve la certeza de que el sistema educativo no está en absoluto adecuado para abordar la educación de estos niños y jóvenes y, lo que es peor, que nada se hace para encarar su educación desde su realidad, tan distinta a la de los docentes que debemos educarlos. Es muy frustrante, con semejante incapacidad del sistema y de quienes formamos parte de él, sentir que la escuela pública que alberga en la situación actual casi exclusivamente a los chicos muy pobres (los ricos, los no tan ricos, y actualmente algunos pobres no tan pobres están emigrando a las privadas) se ha convertido en un teatro donde los docentes simulan enseñar y los alumnos simulan aprender. Sepa disculpar mi atrevimiento de escribirle, no pienso que estoy diciendo nada nuevo ni importante, pero estas son algunas de las preocupaciones que suelen perturbar mis pensamientos, y creo que su exposición acerca de su experiencia y las soluciones propuestas me alientan a pensar que no estoy loca al pensar que devolver la dignidad a tantas almas a través de un espacio digno, de una educación y salud apropiadas y el acceso a otros bienes culturales es una utopía que puede convertirse en realidad. Atte. Aurora Di Carlo.- Buenos Aires.- Estimado Jorge: Ayer tuve el gusto de ver la segunda parte de un informe de Telenoche sobre la urbanización de las favelas en Río de Janeiro. Lamento no haberme enterado de la primera parte. Apenas vi los avances sobre el tema, supuse que Ud. estaría entre las personas consultadas por el periodista, y no me equivoqué. Me interesó mucho la nota y me dio mucho gusto encontrarlo a Ud. entre los entrevistados. Es reconfortante saber cómo se está trabajando este problema en Brasil, y desearía que las políticas del Estado argentino se orientaran en ese sentido, aunque me parece que están bastante lejos de implementar algo similar a semejante plan. Ni las decisiones del Gobierno ni la actitud de buena parte de la ciudadania parecen dispuestos a hacer otra cosa que la erradicación. En mi propia familia hay posiciones opuestas respecto del tratamiento del asunto, que sin duda es sumamente complejo. No me siento "versada" en el tema, y me enfrento desde la teoría con formas de pensamiento irreductibles, pero confío en que "alguna vez van a ganar los pobres". La segregación espacial y el negocio inmobiliario están por encima de la historia y la realidad de tantos seres humanos, y el prejuicio mete en la misma bolsa a todos los habitantes de, por ejemplo, la Villa 31 de Retiro. Ud. sabe mejor que yo de qué hablo, simplemente quiero decirle que me enorgullece "haber descubierto" a un rosarino trabajando en este plan, y deseo que se lleve a cabo con éxito, para que sirva de ejemplo a imitar por los gobiernos latinoamericanos a favor de tantos hermanos que sufren la más extrema de las miserias, fuente casi inevitable de delitos que seguramente irán disminuyendo si se les abre otro abanico de posibilidades, de educación, salud y condiciones de vida dignas. Estamos cansados de estas dirigencias plagadas de delincuentes que se valen de los recursos del Estado para satisfacer sus insaciables e impúdicas ansias de riqueza y de poder. Atte. Aurora Di Carlo
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