Crecimiento económico, condiciones de bienestar y sostenibilidad

 


Área de convivencia proyectada en Rio das Pedras

Ahora, en este pos-crash 2008, los economistas dicen que hay que preocuparse mas con el cómo que con el cuanto (Thomas Friedman columnista del N.Y. Times); que en un mundo conectado, países, gobiernos y compañías deben preocuparse con la transparencia porque mucho mas gente ahora puede ver cómo se hacen las cosas: cómo hacen lo que hacen, cómo cumplen sus promesas, cómo toman decisiones,  cómo se relacionan con clientes, ambientes y comunidades donde están insertados. Y dice que “nosotros” (ellos) se separaron de esos “comos” pero que es necesario volver a actuar a la moda antigua, tomando decisiones basadas en cómo y no apenas en cuanto.

Por eso la cuestión a considerar no es mas la relación “medible” entre índices de producto nacional bruto y bienestar de la población. Los criterios para evaluar las mejoras o los avances en la situación de un país deben considerar como cuestión central los costos de la degradación ambiental y de la exclusión social.

La economía globalizada demanda hoy una reflexión también global, incluyendo en los cálculos de la relación costo-beneficio, los costos del reemplazo del capital natural que cualquier “crecimiento” implique.

Muchas de las políticas de "desarrollo" económico no solo son destructivas ambientalmente sino que no tienen un impacto significativo sobre el problema central del desempleo, al no estar estructuralmente conectadas con políticas de promoción social.

La cuestión de favorecer el progreso social está hoy estrechamente relacionada con la concepción de la calidad y la sostenibilidad de un desarrollo “derramable” sobre el conjunto de la sociedad,  lo que implica la utilización de criterios de evaluación multidisciplinarios y multisectoriales, capaces de llevar en consideración simultáneamente una gran cantidad de variables y de actores sociales. Cada vez más fuertemente surge la demanda por una concepción de evolución, capaz de dar respuestas a las exigencias del presente, sin hipotecar el desarrollo de las generaciones futuras.

Hoy la relación entre lo económico (producción, consumo, gestión de los recursos), lo social (consideración de la diversidad cultural y del derecho del otro) y el medio ambiente (biodiversidad, agua y energía), exige considerar las interrelaciones entre lo viable, lo equitable y lo vivible, con sentido de sostenibilidad.

Por este motivo las relaciones entre producción, consumo, manejo de los recursos, y "bienestar", tienen claras implicaciones éticas.

Bienestar no solo medible cuantitativamente implica siempre una puesta en juego de valores, y desde el punto de vista de un arquitecto-urbanista, una idea de complejas harmonías en juego, en el sentido de la búsqueda de aquello que contribuye para hacer lazo, orientándonos en la dirección de “trabajar solidariamente el devenir del mundo”.

Viendolo así, es necesario pensar también en los activos intangibles y en el valor civilizatorio de cada propuesta, de cada proyecto. 

La arquitectura y el urbanismo del siglo XXI deverían estar basados en la consideración del ser humano y de los otros seres vivientes en primer lugar, asumiendo que estamos interviniendo en un mundo frágil.

Por eso sostenibilidad tiene que ver con la historia de la constitución-acumulación del proceso de urbanización del planeta, lo que demanda entender la lógica de los lugares existentes y su proceso de sedimentación. Entender cuales son los factores básicos por lo cual las ciudades históricas resultan tan cautivantes; el  hecho de que ellas fueron construidas sobre innumerables historias.

Es  claro que la cuestión de la sostenibilidad no pasa solamente por el consumo energético. Básicamente se trata de una cuestión cultural, esto es, que envuelve una serie de otros factores “no cuantificables” tan importantes cuanto los energéticos, referidos a los hábitos de consumo, de comportamiento social, de desplazamientos, de localización, de respeto a la memoria acumulada, a la constitución de los lugares y a las relaciones que las personas y las edificaciones mantienen entre si y con el espacio en común; con las transiciones entre lo individual y lo colectivo, entre lo público, lo semipúblico y lo privado. Se trata de una intrincada red de interacciones entre factores objetivos y subjetivos, entre lo real y lo imaginario y entre lo material y lo inmaterial cuando hablamos de sostenibilidad.

Por eso no es solo una cuestión de “especialistas”, de “consultores”, sino de todos los habitantes (permanentes y transitorios inclusive) de un determinado territorio y de las consecuencias de las acciones sobre él.

Así, generar a través de los proyectos calidad de vida, condiciones de bienestar y transformar de manera sostenible el medio ambiente, son desafíos que  demandan una actitud muy atenta y una visión  generosa al pensar en lo social.

 


reurbanización de la calle de Catete, Rio de Janeiro

Jorge Mario Jáuregui